Las noticias que se entrega del autor en esta antología son preliminares, pues no es el propósito de la revista hacer un estudio acabado de cada uno de ellos sino presentar una muestra testimonial de la vida cultural de una región que ha estado siempre presente en la historia del país. Ahora, si los lectores quisieran agregar alguna a las presentadas, bienvenidas sean, pues tales aportes contribuirán a que La Guitarrera se convierta en la antología cultural de la provincia de Ñuble.
POETA
(San Carlos, 1925.)
Glavarino Merino Duarte

Egresó de la Escuela de Trilico y luego estudió en el Liceo de Hombres de Chillán y el Liceo Enrique Molina, de Concepción.

En 1947, egresó como profesor básico de la Escuela de Educación de la Universidad de Concepción y ejerció su magisterio en San Carlos. Pertenece al Grupo literario Ñuble y a la Sociedad de Escritores de Ñuble. Es un poeta que canta al hombre enraizado en el paisaje y a los elementos que lo circundan. Una fraterna relación de ternura con la naturaleza y el quehacer campesino brotan de su poesía.

Ha obtenido numerosos premios y menciones honrosas a nivel regional y nacional, entre ellos el Primer Premio Centenario de Coronel, en 1954, Primer Premio Certamen de Poesía Octava Región, en 1975 y el Primer Premio Concurso Nacional de Poesía, Año Internacional del Niño, en 1979. En 1982, fue distinguido por la Municipalidad de San Carlos, con el Premio Fomento a la Educación y la Cultura. Dos años después, el Penclub de Chile distingue su obra Almácigos de Sol. También ha escrito cuentos. Su obra poética ha sido difundida en varios países. Actualmente, vive en Coihueco. Fue incluido en Los lugares y las nubes, Antología de poetas de la Región el Bío-Bío, de Matías Cardal, Concepción, 1994.

    OBRAS:
    Almácigos de sol, 1983. Evocaciones, cuentos, 1982 Cántaros en la lluvia, 1985. Siluetas del camino, poemas, 1994.

    SAN CARLOS DE ITIHUE

    Vengo desde Trilico,
    caminé
    con la carreta de colihue
    que se agotó de soles
    y de siglos.
    Itihue:
    aquí se abrazaron los destinos
    del hidalgo español
    y mi padre aborigen,
    y naciste San Carlos,
    enardecida patria
    de mi alma,
    sobre esteras de mimbres
    y lleivunes.
    Y fuiste el monte
    y el aullido,
    el reducto y la flecha,
    canto de triles
    y sollozo de totoras,
    puñal de sangre
    en la mano de tus hijos,
    desatando la noche encadenada
    para sembrar de luz
    tu sueño
    y tus solares.
    Ahora se arrodilla
    el sol en tus colinas
    y eres espiga clara,
    verde patio de tilos,
    dulce miel
    que bebe el pasajero
    al pie de tus higueras;
    en tus morenos cántaros
    de greda,
    se me confunde
    el agua con el vino.
    San Carlos:
    arado y sementera,
    cálido trigal
    y harina fresca,
    déjame andar tus caminos
    que humedece la lluvia,
    déjame martillar
    tus yunques artesanos;
    quiero escuchar
    la voz de tus guitarras,
    vestirme con tu poncho
    y tus espuelas,
    achispar una cueca
    en tus viñedos
    y amanecer
    acariciando amores
    en tus huertos de abril
    y en primavera.


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