Centro de la ciudad.
Han transcurrido 419 años desde aquel 26 de junio de 1580, fecha memorable, en que el Mariscal de Campo Don Martín Ruiz de Gamboa diera por sentados los cimientos de la nueva ciudad, denominada por aquel entonces San Bartolomé de Gamboa (hoy, Chillán ). Desde esa fecha muchas han sido las aventuras y desventuras que han tenido que vivir los habitantes de esta tierra tan fructífera en cuanto a grandes hombres se refiere.
* * * Si bien es cierto que nuestra ciudad fue fundada con fines defensivos, fue ubicada a corta distancia de los lavaderos de oro de Minas del Prado, lavaderos que se mantuvieron en producción hasta bien avanzada la Colonia.
La sed de oro de Pedro de Valdivia y de los conquistadores que le siguieron, ha sido simbolizada por una de las tantas versiones acerca de su muerte. Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán, historiador, cronista y militar nacido en Chillán, en 1607, escribió: «[...] y así determinaron matarlo luego con un género de tormento penosísimo que le dieron, llenándole la boca de oro molido y con un garrote ahusado que llevaban, se lo iban entrando por el gaznate adentro y le iban diciendo que pues era tan amigo del oro, que se hartase y llenase el vientre de lo que tanto apetecía».
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HERNÁN SAN MARTÍN: Nosotros los chilenos, 1970. LA FERIA DE CHILLÁN
La feria de Chillán y el mercado son centros de atracción para la gente de toda la comarca. La actividad comienza muy temprano, desde el amanecer.
En los mesones del mercado los parroquianos madrugadores y los
noctámbulos que prolongan la noche, desayunan con gruesos caldos
de cabeza y aromáticos "valdivianos" acompañados de las clásicas tortillas de rescoldo, que están recién salidas del horno. En una mesa, un
grupo de pijes componen el cuerpo que quedó a mal traer después de
la fiesta de anoche. Vienen llegando los campesinos de San Ignacio y los
afuerinos tímidos que viajan autobús. Todos reunidos para iniciar el primer ritua1 gastronómico del día:
Pase pa’ cá, caballero
Avellanas tostaditas
Si en este momento alguien extraño llegara al mercado, sin saber que está amaneciendo, bien podría pensar que es mediodía, la hora
del almuerzo, y quizás hasta el estómago se equivocara. Aquí no se
hace diferencia entre los menús del desayuno, el causeo y el almuerzo.
—¿Qué le vamos a servir casero?
Y los caseros se dejan tentar y comen con vehemencia como si
estuvieran saboreando la "Epopeya", de Pablo de Rokha:
[...] porque, si es preciso el hartarse con longaniza chillaneja
antes de morirse, en día lluvioso, acariciada con vino áspero
de Auquinco o Coihueco...
La feria está repleta de gente, de toldos, de ventas y de
camiones. Semeja una gran recova árabe; me recuerda a las
ferias populares de Sevilla, sin embargo, la feria de Chillán es chilenísima.
En una esquina un grupo de
"canutos" predican su fe sin ser oídos y un poeta ciego ofrece sus tiradas versos:
Los versos, los buenos versos: la culebra que se salió del Bío-Bío
y que tenía 50 metros de largo. La mujer que mató al marido y en trozos lo cortó. El anticristo que anda predicando y anunciando
el juicio final. El chasco que le pasó a un viejo verde por casarse
con una chiquillla de quince. Los versos, los buenos versos, llévelos usted. Lo que dice el reo Pérez que espera en capilla la clemencia del gobierno y lo que dice la pobre madre sobre las malas
juntas. En estos versos verán lo que les pasa a jóvenes libertosos
por culpa de las malas juntas. ¡Los versos, los buenos versos!
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