NOS ESCRIBE UN ÑUBLENSINO DESDE ITALIA:Estimado Harold:
Revisé hoy día dos cuentos que escribí hace un tiempo, naturalmente los
dos hablan de Chillán; uno de ellos, el primero, está cargado de nostalgias de
las tierras de Ninhue, con sus colinas, su espinos, sus viñas, etc. El otro
está lleno de nostalgias y de dolores de los primeros días del golpe de estado.
Te los envío, si tú estimas conveniente publicalos en La Guitarrera, me daría
mucho placer .
Un afectuoso abrazo
Sergio Méndez (See attached file: Cuento1)
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Estimado Sergio: Muchísimas gracias por permitirnos la lectura de tus textos, los que hoy publico en La Guitarrera, como te lo mereces.
Con el cariño de nuestra tierra ñublensina,
Harold Durand
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Harold Durand
Corresponsales: En Chillán:
Luis Isla Stuart
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LA LIBRETA
El autobús se deslizaba lentamente subiendo y bajando con el monótono
ronroneó de su motor que llenaba el aire; y que cuando subía las
colinas se transformaba en los ronquidos de un animal cansado, más por
la vejez que por lo empinado de la colina.
El camino de resbaladizo asfalto se deslizaba zigzagueando por entre las pequeñas
elevaciones de la Cordillera de la Costa, que en sus partes bajas estaba cubierta
de hierba de color amarillento, tonalidad característica de ésta
durante los meses de invierno; se intercalaban aquì o allà, raquìticos
espinos solitarios o a veces pequeñìsimos bosques, que quien sabe
como habìan sobrevivido a la tala para leña o para carbòn;
y entre las espinosas ramas ateridos del frío de la mañana iniciaban
a cantiquiar algunos pajarillos.
La triste mañana de invierno estaba cubierta de grises nubes cargadas
de agua y amenazantes de lluvia, que se trasladaban a gran velocidad hacia el
sur, arrastradas por el frío y penetrante viento.
La noche anterior, la naturaleza se había lanzado con inusitada violencia
contra los cerros, chocando con ellos y formando remolinos de aire que arrancaban
y arrastraban las pocas hojas que aun permanecían en los árboles
restos del otoño recién pasado, ramas y parte de algunas casas
fueron arrancadas violenta mente por el temporal y la tenue luz de la mañana
dejaba ver las vigas de algunas de ellas, parecían el esqueleto de un
animal herido.
No habían sido pocos los habitantes de esas colinas que tuvieron que
levantarse a media noche a reparar con sacos vacíos o con otros indumentos,
los hoyos dejados por las tejas al ser arrancadas por el ventarrón.
El astro rey se encontraba detrás de aquella densa masa, incapaz de atravesarla
con sus pálidos rayos invernales, y así dar un poco de tibieza
y luminosidad a las colinas. La fría mañana obstaculizaba, o mejor
dicho hacia muy dificultoso para los hombres y mujeres abandonar la tibieza
del fogón y salir al campo a las tareas cotidianas.
Los caminos que llegaban a la carretera estaban convertidos en ríos de
fango y de agua, algunas personas estaban abriendo las compuertas naturales
que se habían formado con los materiales más diversos que se habían
acumulado y así dejar que el agua escurriese libremente hacia el fondo
de las quebradas, limitando así el daño en las tierras arables.
Para otros era necesario salir a cortar espinos y preparar la leña para
los fogones, donde impacientes esperaban algunas ollas y cacerolas llenas de
porotos que iniciaban su larga y lenta cocción.
Los animales no eran ajenos a las inclemencias del invierno, así se veían
transitar solitarios por los potreros entumecidas ovejas y cabras, buscando
reparo bajo los espinos o detrás de los grandes troncos de indiferentes
eucaliptos; van mordiscando las briznas de la amarillenta hierba, o las duras
y espinosas hojas de las zarzamoras.
Aquel destartalado bus se deslizaba, con su cargamento de alegrìas-temores
y amarguras-esperanzas; cada cierto trecho se detenìa para tomar nuevos
pasajeros, que pacientemente esperaban en las garitas de madera o sencillamente
a la orilla del camino; rostros curtidos por el viento, hombres cubiertos por
gruesas mantas y bufandas, y mujeres con rebozos sobre las espaldas y cubriéndose
la cabeza, algunas de ellas llevaban en los brazos pequeños niños
cubiertos por chales de lana de oveja amarillentos por la vejez, el uso y el
orín.
Los asientos del bus estaban todos ocupados, el calor del recinto cerrado hacia
que las vestimentas de la gente emanase una densa nube de vapor que impregnaba
de un sabor dulzón todo el vehículo, demostrando así la
cantidad de lluvia que habían recibí do durante el trayecto a
caballo o a pie hasta el paradero.
Las conversaciones eran muy animadas y cada vez que subía un nuevo pasajero
se repetía el mismo dialogo.
-P'tas que hace frío esta mañana.
-Menos mal que paso el temporal, parecía que iba a arrancar las casa
de cuajo y llevàrselas quien sabe p'a onde.
-Este invierno ha sido uno de los más lluviosos desde hace tantos años,
deben ser treinta o cuarenta años, di'antes del terremoto grande.
El vehículo daba ronquidos de esfuerzo al subir y que desaparecían
cuando bajaba, en la indiferencia de los problemas de los humanos.
-Oiga 'On Manuel, parece que la inundación jue muy grande p'al lao de
'On Pancho, con el estero que viene de crecida.
-Quien iba a pensar que el agua llegara tan alto, y pensar que 'On Pancho hizo
los muros de la casa harto gruesos, y las compuertas del estero son grandes,
seguramente a alguien se le olvido de dejarlas más abiertas.
-Esto se parece a la inundación grande, cuando se salió el río
y el agua se llevo to'o lo que encontró a su paso, casas, animales y
gente.
-Jueron tantos los finaos que nunca encontramos.
Se recordaba así el año en el cual un fuerte terremoto transcurrido
en el mes de enero, había movido parte de una montaña obstaculizando
en parte el curso de un río, que al llegar el invierno con sus lluvias
había crecido y formado un verdadero lago artificial que la presión
del agua rompió sepultando todo lo que encontró a su paso en un
mar de lodo.
-Pueda ser que ahora el año venga gueno p'a los sembraos; y que tengamos
agua cuando se deba y sol cuando se necesite.
-De lo contrario vamos a tener escasè otra vez; las cosas subiran de
precio, tendremos poco que vender, y la hoya se hara cada vez más flaca.
-Será así, algunos engordaran como chanchos con la desgracia ajena
y otros sufriremos el hambre.
Las conversaciones versaban sobre los problemas cotidianos, de las situaciones
del presente, de las cosas del ayer y de las incertesas del futuro.
La tierra en la que trabajaban la mayoría de los pasajeros del bus, no
era de ellos; algunos eran medieros otros inquilinos, y los menos eran pequeños
propietarios. Los propietarios de las grandes o medianas extensiones de tierra,
vivían casi todos en las grandes ciudades y los más grandes, en
la capital. Ellos no trabajaban la tierra, hacían trabajar la tierra,
y de generaciones se hacia así; los más, inquilinos, medieros
o afuerinos terminaban sus días detrás de los arados, o regando
las melgas de sudor y de semillas...explotación de padres, heredadas
de los hijos.
-Anoche no sabia que hacer, con este maldito temporal y p'a mà este chiquillo
se me enfermo-se quejaba una baja y morena mujer, que tenia en sus brazos un
remolino de cubiertas entre las cuales resaltaba el pálido y delgado
rostro de un niño con los ojos brillantes de fiebre.
-Puede ser que sea un empacho, p'a eso tiene que ir donde una meica, ella se
lo tira afuera.
-No, yo lo llevo mejor al doctor del pueblo, p'a que me lo mejore, dicen que
hay uno muy gueno. Espero que me reciba, porque la libreta de seguro de mi mario
no esta n'a al día, el patrón no la ha arregla todavía.
-Y como es que no le ha arreglado?
-No somos los únicos, hay varios mà, se ha atrasado harto en el
pago de los sueldos y de las asignaciones.
-Y al caballero se le ve muy feliz en su auto, viajando de una parte a otra.
-Así es pue, los viejos quebrándose el espinazo trabajándole
al jutre, mi mario le pidió el arreglo del sueldo y la libreta y casi
lo hecho; despue le dijo "si no te gusta, el porton del fundo es hancho".
-Que lindura de patron que tienen!
-Y no se saca n'a con reclamar, al final quien pierde siempre es uno; con la
oficina de seguros la tienen toa y ni hablar con le jusjao.
-Así es pue, tienen siempre el sartén por el mango-agrego sentencioso
un taciturno campesino que estaba en la parte posterior del vehículo.
-No se así 'Iñor, uste sabe que no hay mal que dure cien años!
-Claro pue, ni tampoco hay cuerpo que lo aguante- agrego uno que estaba de pie
al centro del pasillo.
-Alguna vez tendrá que llegarle el consuelo al pobre, no too va a ser
sufrir no mà.
-No huevee 'Iñor, que estas cosas son muy serias.
-Ellos juntan plata hasta hincharse, y los pobres juntamos miseria y sacrificios.
-Estan toa la vida juntando plata, como si cuando se vallan a morir se la llevan
p'al otro mundo.
-Ya ve uste, ni siquiera gastan, mientras más tienen más quieren.
La discusión se generalizaba entre los pasajeros del destartalado bus;
de un u otra manera cada uno de ellos queria agregar algo a lo que se estaba
diciendo; tratando siempre de ser muy generales en sus juicios sin dar los nombres
de las personas de las cuales estaban dando una opinion, de manera que si èsas
llegaban a oidos indiscretos, no pudiesen ser referidas con esactitud a los
mayordomos o administradores de los fundos. Eran palabras llenas de resentimiento
que se anidaba en el corazón de cada uno de ellos.
-Que le vamos hacer, aguantar no más.
Todos se conocían, como todos conocían los problemas que tenían,
que eran iguales o similares; la pobreza no solo golpeaba a los que vendían
su fuerza de trabajo en las faenas de la zona, sino además a los pequeños
propietarios; que por la escases de la tierra que poseian, eran obligados a
salir a trabajar por temporadas a los fundos aladeños.
-Tiene que haber la forma de salir ailante-manifesto filosóficamente
uno.
-Así es puè, no se puede andar siempre así.
-Dicen que una cosa guena, que tenimos que hacer seria un sindicato-dijo uno
de ellos dejando caer las palabras como un descuido, al momento que recorría
la vista sobre todos para medir las reacciones que ellas provocaban-anda gente
hablando por hai de esto.
-Y como es eso?-interrogo uno que llevaba una pesada manta de castilla empapada
de la lluvia caída, y de la cual se desprendían nubes de vapor.
-Es la reunión de toa la gente p'a pedirle cosas a los patrones-informo
uno de los que estaba sentado cerca de la puerta del bus.
-Y es malo el sindicato?
-P'a ellos si, p'a nosotros no!
Para muchos de ellos era primera vez que sentían hablar de este organismo
y por ende una cosa difícil de entender, y para los menos este era el
único instrumento que realmente estaba en condiciones de defender sus
intereses.
-El domingo uno hablo en la misa y dijo que era una cosa mala, y que eso traía
a los comunistas y no sé que otra gente, y los que se meten en eso van
derechito al infierno- expreso una mujer que llevaba dos niños un poco
entumecidos y semi adormentados apoyados a sus piernas.
-Son puras mentiras esas, nomà iñora.
-Asi se defienden los ricos.
-Por hai hay otros curas que dicen que hay que formar el sindicato-sentencio
otro.
Existía de parte de algunos de ellos, la conciencia de la necesidad de
organizarse, de encontrar la forma de como luchar contra aquella centenaria
explotación; el fatalismo y el miedo de algunos de ellos eran los escollos
màa duros para poder llevarlo a la practica. Era necesario luchar contra
todo eso.
Al bajar una de las tantas colinas por donde se deslizaba el bus, éste
va adquiriendo velocidad que el chofer trata de disminuir con gran esfuerzo,
debido a que al termino de la curva que estaban pasando empezaban a asomarse
los techos averiados de las primeras casas de un poblado. Resoplando y con un
crujido de latas el vehículo se detuvo frente a las puertas de un reten
de resplandecientes murallas blancas, y con las puertas y ventanas de color
verde, en el pequeño antejardin un hasta en el cual era movida lentamente
un tricolor todavía mojado por la lluvia. Por el hueco de una de las
verdosas puertas apareció un individuo vestido con un uniforme del mismo
color, caminando sobre la vereda de ladrillo molido; salio del recinto y atreveso
con prepotencia el grupo de personal que alli estaba esperando el bus o de curiososque
nada temian que hacer en ninguna parte, el funcionario de policia se asomo a
la puerta del vehiculo.
-Buenos días a todos-dijo recorriendo con la mirada los rostros de los
pasajeros; subio y se detuvo en el pasillo, su mirada de-mostraba claramente
las el agotamiento tipico de una persona que poco o nada habìa dormido,
pero si que mucho habìa bebido.
Detrás de él subieron los estudiantes, hombres y mujeres entumecidos
de frío, cada uno de ellos al momento que subía saludaba al chofer
y al resto de los ocupantes, buscando con la vista un asiento o un lugar donde
instalarse. La presencia del uniformado de termino un ambiente de silencio y
por no decir de inquietud, de parte de algunos de los pasajeros, que continuaron
las conversaciones, esta vez a voz baja, o sencillamente quedaron en silencio
mirando el paisaje.
Aquel carabinero era un más que el mas temido el más odiado de
todos, muchas personas llevaban en el recuerdo vivas las dificultades que habían
tenido con él en alguna de las fiestas para el día nacional, o
de fin de año; y más de alguno debido a discusiones con algún
patrón de la zona por salarios impagos o libretas de seguros atrasadas.
El "paco" hizo alsarse a un jovenzuelo que iba sentado en la primera
corrida de asientos y se acomodo él, iniciando una conversación
con el chofer y con algunos de los campesinos que iban en los primeros puestos.
-Cómo esta mi amigo, como se le porto la maquina en los caminos de más
arriba, no se le empantano?
-Nada mi "cabo", este cacharro viejo se porta bien todavía.
-Supimos que más arriba hay varios caminos cortados por la crecida; mi
sargento Rodriguez va a mandar gente a caballo p'a ver los daños-agrego
el uniformado.
-No son n'a tanto los daños, pal lado del Agua fría el estero
se llevo el puente y no se puede atravesar, hay un mar de agua que baja-comenta
uno de los campesinos de los primeros asientos.
-Veremos que se puede hacer-acoto el "paco".
-Y que el va hacer, nada pues; no hay que hacer otra cosa que esperar que el
agua baje y que no se ponga a llover de nuevo.
-Cómo ?, se puede hacer algo, para saber que ha pasado, después
mandaran a Vialidad que arreglara los puentes y los caminos-responde con una
cierta indignación el policía hablando en voz alta de manera que
lo escucharan todos los ocupantes del bus.
-Poco será lo que harán- respondió el chofer- todos los
años pasa lo mismo-por su memoria aparecieron rápidamente imágenes
del pasa do cuando joven aun manejaba un camión, que en ese tiempo servia
como medio de comunicación entre pequeños poblados, fundos y las
ciudades más grandes. Y poco tiempo antes la gente se movía solo
a caballo, a pie o en carretas; viajes que naturalmente se suspendian en los
meses de invierno. El tiempo ahora como antes, era igual, quizás lo único
que cambiaba que al menos el camino principal era asfaltado, y no como un tiempo
de tierra, donde los vehículos se perdían hasta los ejes en el
barro y el agua.
-No sea malagradecido, mi caballero; hace ya bastante tiempo que estos caminos
han sido arreglados-lo increpo el "paco"- el gobernador se ha hecho
en cuatro para solucionar los problemas de la zona.
-Yo creo que de todas maneras, no va a pasar nada, puede ser que el señor
gobernador venga a darse una vueltecita; pero seguro que no pasa a mi casa y
no sera porque yo no lo envité-manifesto uno de la tercera fila de asientos.
-Que va ir a su casa 'iñor- comento su compañero de asiento-si
uste no tendría n'a con que atenderlo al caballero, ni siquiera tiene
vino, y p'a más ni siquiera hay chiquillas jóvenes por esos lados-
continuo irónicamente.
El uniformado, recorrió con la vista los pasajeros, tratando de medir
o adivinar que era lo que estaban pensando.
-Mire pues caballero- dijo en general, pero dirigiéndose al que había
hecho el comentario-el gobernador hace tantas cosas, lo que pasa que hay tanta
gente malagradecida que no quiere reconocer los esfuerzos que se hacen en el
bien de todos-. El sabia que más que criticar al gobierno o al gobernador,
cuya gestión no es que les importara mucho; les interesaba más
la actitud de los patrones del lugar.
El representante de la ley, el "paco", siempre ponía mucha
atención sobre los comentarios que se hacían en el vehículo
cuando se viajaba, era una fuente importante de información y de medida
de las actitudes de la gente, allí se informaba de tantas cosas. Entendía
claramente la inteligente medida del sargento Rodríguez de enviar todos
los días a uno de los miembros del reten a la ciudad, o a los poblados
más distantes de manera de conocer que cosas se decían entre los
campesinos, y saber más claramente cual es la gente que viaja por la
zona. Era importante en esos tiempos saber si aparecían personas extrañas,
y si aparecían que casas visitaban; habìan recibido indicaciones
de estar alerta de bido a que se rumoreaba que se estaria organizando un sindicato,
a decir de ellos, "alguien estaba sublebando la galla" y esto no se
podia permitir.
Ellos no sabían con certeza quien o quienes eran las personas que viajaban
por la zona, y cuales los lugareños comprometidos con dicha organización.
En uno de los pueblos había una pequeña cantina cuya propietaria
era Doña Mercedes. conocidisima por la calidad de los vinos que vendían,
verdaderos néctares de los dioses, y por los típicos platos que
preparaba; este atrayente lugar para los uniformados era otra de las fuentes
de información de la zona, todo lo que en la zona sucedía o iba
a suceder, de una u otra manera llegaba o pasaba por la cantina de Doña
Mercedes, haciendo de esta señora un personaje típico y popular,
y en cierto sentido por sobre las partes. Era característico que el bus
se detuviera todos los días, de ida o de vuelta de la ciudad, de frente
a la cantina, y era precisamente lo que en ese momento estaba sucediendo. El
lugar quedaba a pocas cuadras más allá del reten, en una casa
grande, de amplias puertas y ventanas, característico era el corredor
que había paralelo a la vereda, donde generalmente se detenían
a conversar, invierno o verano algunas personas.
Ninguno de los policías o de las personas importantes del pequeño
pueblo sabían que precisamente en ese lugar era donde más dedicación
se daba a la organización de un sindicato.
-Aquí nos paramos un momento-dijo el chofer bajándose del vehículo
y desapareciendo por una de las puertas de la casa.
-Mire "caballero",me da la impresión que por estos lados anda
gente, que quiere organizar un sindicato- comento el uniformado a su compañero
de asiento- y eso no es gueno p'a la gente que trabaja, al que pillemos en eso
lo vamos a sobar bien sobado a palos y lo meteremos a pan y agua por veinte
días.
-Y porque tanto "cuco" con el sindicato, mi "cabo"-dijo
irónicamente el que estaba a su lado, sabiendo que por la amistad que
tenia con el uniformado, se podía permitir eso y algunas otras libertades.
-Porqué toos esos son comunistas- respondió el carabinero con
voz fuerte de manera que lo escucharan todos los ocupantes del bus.
La indiferencia reinaba en los rostros de todas aquellas personas, estaban conscientes
que las veladas amenazas del uniformado no eran palabras al viento, y la mejor
forma de demostrar esa indiferencia era el hacer comentarios sobre diferentes
temas entre ellos o sencillamente bajar del vehículo a estirar un poco
las piernas. Era claro que cuando no viajaba alguno de los uniformados o no
habían oídos indiscretos viajando, el momento de sociabilidad
del viaje era muy importante porque permitía intercambiar opiniones sobre
diferentes cosas, y sobre todo para saber cuales eran las situaciones que se
estaban moviendo en relación al nacimiento de las organizaciones de los
campesinos, u opiniones sobre la disponibilidad de algún patrón
que buscaba gente para trabajar.
La gente sabia que el sindicato no podía resolver todos los problemas
que aquejaban a los campesinos, pero algo podía resolver; y naturalmente
existía la indisponibilidad de algunas personas que no querían
que se organizara, y no querían participar ellos; algunos por temor y
otros por ignorancia.
-P'tas la hueva, estos "pacos" tienen que andarse metiendo en todo-mascullo
uno de los ocupantes de los asientos posteriores.
-Así es pu'iñor.
-Parece que esto del sindicato es algo que hacen contra ellos los muy desgraciados.
- Estos están de la parte de los ricos.
Después de varios minutos, finalmente el chofer apareció por la
puerta de la casa de Doña Mercedes.
-Se parte señores-dijo subiéndose al vehículo, y detrás
de él todas las personas que habían bajado.
Los vapores etílicos de la noche anterior que todavía le daban
vuelta por la cabeza al uniformado, le fueron nublando la vista, el ronroneo
del vehículo hizo el resto hasta que se adormento. Finalmente el bus
dejo atrás la zona de las colinas entrando en el valle longitudinal,
el paisaje que ahora estaban atravesando había cambiado notablemente,
los campos estaban divididos en otra forma y estaban casi todos cultivados,
a diferencia de las colinas. Después de pocos kilómetros atravesaban
la vía férrea y poco más allá llegaban a la carretera
panamericana, el vehículo doblo a la derecha y siguió su viaje
hacia la ciudad, algunos kilómetros más allá, tenia que
detenerse en la tenencia que estaba poco antes del puente que atravesaba el
río Ñuble, que debido a las lluvias arrastraba una gran cantidad
de amenazadoras aguas; algunos pocos kilometros màs alla del puente comensaban
las primeras casas de la ciudad, con sus calles donde por el dìa sE desaparecerían
los ocupantes del destartalado bus, en la búsqueda de la solución
de los problemas que los había llevado hasta allí.
-Gueno, aquí vamos llegando al pueblo grande, a sacarnos las espinas
del corazòn-comento uno de ellos asomando la cabeza a la ventanilla del
vehículo que precisamente en ese momento estaba atravesando la avenida
Ecuador.
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