Joselín Robles Soto nació en Chillán en 1894 y falleció en Santiago en
1916. Alcanzó a vivir, apenas, 22 años.
¿Por qué vinculamos a Gabriela
Mistral con Joselín Robles?
Pues, porque ella escribió en su libro «Desolación», un bellísimo poema de
homenaje a este joven autor chillanense,
que tituló, «A Joselín Robles».
No hemos encontrado datos que
nos permitan establecer el grado de relación que hubo entre ambos, conversaciones o cartas que hubiesen intercambiado
o encuentros que ambos hubiesen protagonizado.
Sin embargo, hay dos hechos muy
ciertos: las sensibles circunstancias que
malograron la vida de un poeta que perfilaba como una promesa para la poesía
chilena y la calidad de los sentimientos
que Joselín Robles generó en el corazón
de Gabriela, sólo cinco años mayor que él
y que de modo tan elocuente están
expresados en cada una de las estrofas
que le dedicó.
Apreciemos algunos antecedentes
vitales del poeta, para entender mejor el
homenaje poético de Gabriela.
Joselín Robles demostró su temperamento artístico a muy temprana edad.
Era prácticamente un adolescente, cuando dejó a su familia para buscar ambientes propicios a sus aspiraciones de arte,
belleza y poesía.
Tuvo oportunidad de compartir e
intercambiar ideas con escritores tan prestigiosos, como Amado Nervo, Rubén Darío, Jacinto Benavente, Francisco Villaespesa y la Condesa Pardo Bazán, además
de algunos miembros de la Academia
Francesa.
Si nos atenemos a las referencias de
época, Joselín Robles "estaba aquejado
de tuberculosis" (La Discusión, 22-IX-
1916).
"Su desaparecimiento se produjo
cuando sus balbuceos líricos prometían
una jornada artística hondamente bella”
(Molina y Araya, en “Selva Lírica”, página 457).
"A pesar de su limitada creación literaria y corta edad, fue miembro de la
Real Academia de Málaga y Socio Honorario del Ateneo de San Salvador " (Revista
«Primerose»).
En un Seminario elaborado por un
grupo de estudiantes de Pedagogía en Castellano de la Sede Ñuble de la Universidad
de Chile, guiados por el poeta Sergio Hernández, los seminaristas reiteran, que las
creaciones de Joselín Robles tienen una
marcada tendencia romántica, influencias,
sin duda de escritores de renombre, como
Gustavo Adolfo Bécquer y Gabriela Mistral.
Apreciamos en él su admiración por
la naturaleza y por todo 1o creado, unido
al espíritu de solidaridad humana y sensibilidad de adolescente. Se percibe en él
una gran admiración por su madre, con la
descripción de sus propios amores, sus angustias su pesimismo y alegría interior.
Estos sentimientos Joselín Robles los describe en forma simple, amena y embellecidos por el color, vitalidad y belleza que su
espíritu creador entrega unido a la naturaleza misma y a todo el mundo que en sus
instantes lo rodea.
Si tenemos en cuenta todas estas referencias, tal vez podamos entender mejor
el poema de Gabriela "A Joselín Robles»,
en el primer aniversario de su muerte:
A JOSELIN ROBLES
(En el aniversario de su muerte)
¡Pobre amigo! yo nunca supe
de tu semblante ni tu voz;
sólo tus versos me contaron
que en tu lírico corazón
la paloma de los veinte años
tenía cuello gemidor.
(Algunos versos eran diáfanos
y daban timbre de cristal;
otros tenían como un modo
apacible de sollozar).
¿Y ahora? ahora en todo viento,
sobre el llano o sobre la mar,
bajo el malva de los crepúsculos
o la luna llena estival,
hinchas el dócil caramillo
-mucho más leve y musical-
¡sin el temblor incontenible
que yo tengo al balbucear
la invariable pregunta lívida
con que araño la oscuridad!
Tú, que ya sabes, tienes mansas
de Dios el habla y la canción;
yo muerdo un verso de locura
en cada tarde, muerto el sol.
Dulce poeta, que en las nubes
que ahora se rizan hacia el sur,
Dios me dibuje tu semblante
en dos sobrios toques de luz.
Y yo te escuche los acentos
en la espuma del surtidor,
para que sepa por el gesto
y te conozca por la voz,
¡si las lunas llenas no miran
escarlata tu corazón!
Como se puede apreciar, Gabriela
no escatima su admiración hacia el joven
poeta, sólo cinco años menor que ella.
Hay en su verso un dejo de tristeza,
de cariño, de profunda simpatía hacia este muchacho chillanense, que logró conmoverla con su palabra y con su trato.
Incluso se advierte en su verso, la sutil
presencia de un aire maternal, que la envuelve diáfanamente, cuando postula sus
propósitos de no olvidar su verso, ni su rostro ni mucho menos, su voz.
del libro Presencia de Gabriela Mistral en Chillán,por Carlos R.Ibacache I., Ediciones Millalién, 1989, Chillán.